miércoles, 23 de noviembre de 2016

Editorial

Reforma Carcelaria.


Mientras en país denominados primer mundistas las carceles son utilizadas como museo o bien alquiladas a países que aún lo necesitan, en  nuestro país parece que está idea fue quitada de un cuento de hadas, que solo estás en los sueños del más atrevido escritor nacional.

Sería ilógico pretender que delincuentes como los que tenemos en nuestras penitenciarias se reincerten posteriormente a la sociedad, si los tenemos viviendo de manera infrahumana. Los que han estado en Tacumbu, Emboscada y otras penitenciarias, por un tiempo menor cuentan como es la vida dentro de los muros que la sociedad impone a quienes por disitintas situaciones de la vida tuvieron que cambiar su libertad por un pedazo de pan para sus familias, pàra si mismos, aunque está cláro que no todos están en la misma situación.

La pregunta que da vueltas como ave de rapiña es no existe acaso una mejor manera de castigar a quienes han cometido delitos, cuanto le cuesta al estado paraguayo mantener una tremenda cantidad de ciudadanos que se encuentran privados de su libertad.

Acaso no seria conveniente poenrlos a trabajar las tierras del chaco donde ellos mismo puedan producir sus alimentos y que asu vez eso les genere un capital que será depòsitado en una cuenta donde, al recuperar su libertad ellos puedan acudir y de esa manera tener una mejor opción y calidad de vida, de manera que la reincersión no fuese tan costosa, ni para el estado y menos para el ciudadano.

Al parecer es hora de cambiar el foco, el chip, actualizar las ideas, poner en acción proyectos diferentes a los acostumbrados, pues tal parece que como lo venimos haciendo, la cosa no anda, no funciona, se pierde tiempo, esfuerzo y lo que más le interesa a la sociedad actual el dinero.

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